EL GERMEN DEL ODIO, Miguel Ángel Paz

Es evidente que en las dos últimas décadas, producto de una maligna estrategia preconcebida desde las altas esferas de gobierno, se ha acentuado en el país la polarización entre dos corrientes antagónicas bien definidas.

La vieja y edificante práctica del ejercicio del activismo desapareció, el respeto por el adversario dió rienda suelta al insulto, denuestos, descalificación. La debida formación política para defender con ideales las posiciones en los distintos escenarios, hoy se han abierto las compuertas al pragmatismo, la incultura política, indecencia, falta de decoro; las fuerzas se miden por el número de seguidores sin convencimientos, salvo el propósito de aspirar trepar posiciones para desde alli saltar a la fórmula para enriquecerse indebidamente.

 

Pienso como hombre formado al calor de la lucha social, comprometido con las causas nobles, sin arrepentimientos, resentinientos ni nada que ocultar. Pudiéseme calificarme de iluso, inadaptado, pensamiento inadecuado alejado de las nuevas realidades.

Afirmo responsablemente todo esto, porque los nuevos actores de ambos lados, sin ideas, propuestas, proyectos tanto nacionales, regionales o municipales, hacen política activista trás las cortinas de las nuevas tecnologías comunicacionales, imbuidos con una hipersensibilidad ante opiniones que afecta a algunas de las posiciones.

La aparición del vertiginoso desarrollo de la comunicación computarizada acompañada con la tecnología del celular, permite que en el mismo instante de producirse un suceso trascendental en cualquier parte del universo, la población se informa al instante, hasta el punto que casi decreta la extinción de la vía periodística impresa tradicional.

 

Ello, por lo menos en Venezuela, donde los medios de comunicación están bajo una estricta censura, que limita que sus habitantes esten debidamente informado sobre el acontecer diario. Ello obliga a que recurra como fuente alternativa al uso e incorporación a las redes sociales.

 

En el campo de la praxis políticas, los partidos abandonaron la cualidad primaria del ejercicio de las visitas domiciliarias, los debates en las sedes de la organizaciones desde organismos de base hasta sus direcciones nacionales, aún siguiendo la desnaturalizada práctica leninista en que la mayoría se impone sobre las minorías, que las decisiones son inapelables, sin embargo en aquellos escenarios se libraban intereses discusiones de diversos temas que nutrían el conocimiento.

 

En estos últimos tiempos de estampidas de militancia partidista, estos son informados exclusivamente con tareas de poca relevancia: concentraciones para actos internos, encuentros de dirigentes en la promoción de candidaturas a diversos niveles.

 

La vieja militancia disciplinada, formada con ideales y convicciones está en vías de extinción ante la presencia del celular. Con el aplican los selfies, donde aparecen los dirigentes con número limitado de personas agrupadas para intentar demostrar que cuenta con una fuerza, que se está trabajando, en el fondo con un oscuro propósito. Nunca aparecen con la presencia de otras fuerzas políticas o movimientos sociales, prevale el unicolor de atuendos. La marca de la autosuficiencia y el sectarismo pernicioso. El trabajo mancomunado y multicolor para la construcción de fuerzas organizadas con sus herramientas para la lucha y confrontar la crisis no existe en la mente de este reducto dirigencial. Viven una suerte de competencia como si la vida fuese una práctica lúdica.

 

Comparsas de mercaderes en escena con personajes duros, insensibles y ambiciosos.
La otra circunstancia es que a través del celular se emiten opiniones abiertas u ocultas de opiniones descalificativas de cualquier naturaleza, implantando la política del odio, hasta el deseo de la desaparición física del considerado enemigo, nunca como adversario.
Siempre hay hacjeadores como francotiradores al acecho dispuestos a apretar el gatillo del teclado. Para disparar contra cualquier asomo de disensión de una u otra posición. Estamos invadidos por una necia hipersensibilidad. Las costumbres civilizadas están corrompidas. Se rompieron las barreras de la tolerancia, sensatez y normas de convivencia.

 

Los grupos de poder entronizados y algunos que piensan desplazarlos, generan estructuras que lamentablemente se convierten en tentación del ser humano. Existe la percepción que estar fuera de ese grupo de poder, se considera desventajoso, es pertenecer a los perdedores, a los parias, a los oprimidos , llamados a desaparecer. El dinero, la autoridad y el lucro son tentaciones que endiosan. Son espíritus codiciosos, prepotentes que intentan acabar con un Dios que los interpela.

 

Me pregunto:¿ Podemos continuar viviendo en este clima de intolerancia y venganza con el protagonismo de la miseria humana?

 

Somos un país de habitantes conformado por una mayoría que profesamos la fé cristiana, cuya práctica más relevante es el amor que es el antídoto màs poderoso para derrotar el maléfico sentimiento del odio.
Los creyentes cristianos, en su diversidad religiosa, sin pretender convertirnos en partido. Como la mayoría del país estamos obligados a levantar nuestras voces en todos los escenarios para pronunciar nuestra palabra oportuna, enfática, sin miedo, ni medias tintas para lograr cambiar el estado de postración espiritual en el que estamos sometidos. Debemos mostrar nuestro inconformismo consecuente y honrado, rebelde sin violencia, contestatarios sin arrogancia.

 

No solamente con el maravilloso poder de la oración para combatir el diabólico mal, sino con nuestro ejemplo de lucha. Como el canto de Alí Primera:» No basta rezar. Hacen falta muchas cosas para conseguir la paz». Asumamos el ejemplo de los primeros cristianos perseguidos y asesinados, desde las catacumbas desafiaron la violencia y el odio, con su persistencia y confiados en la fuerza de Dios, derrotaron y derrumbaron el viejo e invencible poderio romano, imposible de pensarlo en aquellos tiempos.ñ

 

¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados de ella! Mt. 5:6

Miguel Angel Paz