LA VIGENCIA DE ALI, Miguel Ángel Paz

Hace 36 años en una triste madrugada, en la autopista Valle-Coche, rumbo a su domicilio, en un inexplicable accidente de tránsito, partió dentro nosotros, el cantor mayor, Alí Rafael Primera Rossel, dejando trás de si una trascendente hoja de vida.

No voy a redundar en ella, narrada en mis 2 libros publicados biográficos y análiticos de su pensamiento y obra. El primero titulado: «La poesía en la voz con emotivo prológo de José Vicente Rangel y » Vigencia del canto redentor» con resaltante prológo del maravilloso poeta, Luis Alfonso Bueno, obra patrocinada por la presidencia del antiguo Congreso Nacional, presentado en los jardines del Palacio Legislativo, presentado ante un numeroso público, con la brillantez de Ramón Guillermo Aveledo, Presidente de lujo de la Cámara de Diputados, acto con representación de todas las fuerzas políticas, miembros del cuerpo, así como la presencia de Sol Mussett, esposa de Alí, de sus hermanos Ramón Primera Rossell, su valorado primo hermano, Ramiro Ruiz Primera y su sobrino Raúl Primera Lanoy, invitados especiales de Falcón los senadores Ildemaro Villasmil y Arístides Beaujon acompañados por el ex-gobernador Aldo Cermeño Garrido.

Inimaginable en estos tiempos, que la institucionalidad legislativa con representación plural, reconociese los méritos de un hombre irreverente ante el sistema político pero con valoración colectiva.

Este hijo de Coro, nacido en la Maternidad «Oscar Chapman», el 31 de octubre de 1941, se mantiene hoy más vigente que nunca. Su reclamo social plasmado en su actuación personal en su canto: el pueblo sigue mendigando justicia social, los hombres del campo representados en mamá Pancha aún claman de hambre, sed y abandono; José Leonardo sigue exigiendo igualdad racial; el lago de Maracaibo sigue rogando a la virgen «chinita» ante la espantosa contaminación, sus especies en vías de extinción, las aguas ennegrecidas como pozo séptico; los cantores populares del golpe tocuyano, Pio Alvarado; el polo margariteño de Mariano Rivera; la contradanza de Armando Molero y la tonada de Simón Díaz, siguen sus cultores populares tratados con desprecio y desdén, los Ruperto y tios Juan, sigue pasando hambre y necesidades, los techos de cartón increscendo, continuan los mercaderes negociando en el templo de la política, han aumentado las escuelas para perros, las casas de cartón siguen sufriendo los rigores de la lluvia, los atropellos policiales a la orden del día.

Hoy se ha pretendido manipular la vigencia de ese canto, intentando asociarlo a un gobierno «revolucionario» distante abismalmente al pensamiento del genial cantor.

Estoy convencido que si estuviesemos con su presencia, estaría con su afirmativa irreverencia, enfrentándoles. La respuesta que el «carajito» expresa en su canción en en encuentro con Bolívar, ante su angustia porque en cada aniversario de su muerte los gobernantes asisten supuestamente a rendirle honores, el propio niño afirma que lo hacen para garantizarse que está bien muerto. Analogía similar con el cantor mayor.

Alí ha trascendido el umbral de la muerte y viene a nosotros para seguir orientando a su pueblo «con la voz del pueblo no habrá canto desarmado» para continuar la lucha por una verdadera liberación, hacièndonos un llamado al reencuentro, la reconciliación, la unidad plural, en la conquista de lograr el sueño «buscando darle a la patria, caminos de dignidad».
«Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos»

M.A.P.