LUIS ALFONSO BUENO: UN CORIANO DE LOS DE ANTES …Y DE SIEMPRE! (A un año de su Siembra), Ramiro Ruiz Primera

Hace un año, con la partida de Luis Alfonso Bueno, no sólo la corianidad perdió a uno de sus más pródigos escritores y a uno de sus más eximios poetas; sino que también, nosotros, el vasto colectivo ceciliano, vimos partir quizás al más fiel producto, exponente de aquella fragua del liceo Cecilio Acosta, la cual, encabezada por un verdadero equipo de herreros y ductores intelectuales formado por inolvidables profesores como los Mario Briceño Perozo, Francisco Belda Benet, Ángel Rosendo Ruiz, Alberto Furzán y Enma Guadarrama, quienes, entre otros, -con generosidad pedagógica- supo moldear frescas conciencias juveniles para el desarrollo propio y de la necesitada región falconiana.

Paralelamente, irradiando ingenuas rebeldías a temprana edad, Luis Alfonso conformó, con otros poetas jóvenes de su tiempo, el vanguardista Grupo Coro que, con atrevida creatividad, desafía y sacude la dormida y anquilosada intelectualidad del ortodoxo Coro de aquellos días, para dar paso a su indetenible creación intelectual que, con persistente pensamiento crítico y disciplinado, lo caracterizarían toda su vida.

Ese fue el Luis Alfonso que conocimos y hoy recordamos. Invocando siempre la pluralidad del pensamiento y apelando a la sana disertación de las ideas. De conformación del recio maderamen y de la inamovible honestidad del coriano de antes –del viejo modo como acostumbraba afirmar- no obstante que su rica heterodoxia estuvo siempre activa y al servicio de escudriñar los valores y necesidades de la corianidad de todos los tiempos.

De allí que a su madurada y extensa obra escrita, producto de su oficio de hurgador histórico y poeta de larga data, concurran heterodoxos ensayos y textos de reflexión, de poesía esencial y existencial, cuya lírica y prosa están ligadas indisolublemente al realce de nuestros valores y al rescate de la memoria de la corianidad como sinónimo extensivo de la falconianidad.

Por encima de tiempos de pandemia y aunque su vital humildad lo situaba bien lejos de presumidas trascendencias personales, como no fuera su valorada y útil producción intelectual que nada tiene que ver con efímeras famas; y como nos dice su consecuente amiga de siempre y tenaz compañera de luchas ateneístas, profesora Olga Hidalgo de Curiel, conocedora también de su inveterada esquivez por homenaje alguno, quienes lo apreciamos, sentimos que no puede pasar desapercibida esta fecha para recordarlo como persona y ser humano de inapreciable valía intelectual que le dio a Coro y a las letras, relieves imborrables.

Caracas, 21 de febrero de 2021.