DERECHO A NO MIGRAR, por OMAR DE DIOS GARCÍA 

Este 17 de maro de 2021, se cumple un año de la desaparición de los migrantes que zarparon  desde Tiraya, costa falconiana, en busca de mejores condiciones de vida, arriesgando la propia  vida en la obligación cruzar aguas internacionales y ser víctima de todos los flagelos presentes,  un episodio doloroso en medio de todo ese contexto de migración forzada que está viviendo  Venezuela, pero más allá de ello, debemos preguntarnos ¿acaso no tenemos el derecho a no  migrar?, vale decir, el derecho a quedarme en mi país y desarrollarme integralmente con  dignidad. 

Pareciera anormal no irse de un país, como Venezuela, donde abundan las malas noticias,  porque no se puede ocultar las condiciones precarias en las que estamos propio de una  emergencia humanitaria compleja, que por mucho “ejercicio mental de buena vibra”, que  pareciera al final ayudar a quienes con un “discurso antimperialista” quieren desaparecer la triste  de realidad de haber destruido una nación, sin haber tenido una guerra, incluso se corre con el  riesgo de caer en el decante pensar egoísta, indolente e indiferente del “Sálvese quien pueda” y  del “yo estoy bien aquí” que fustiga la dolorosa y riesgosa migración desconociendo la historia  de goteras que hay detrás cada migrante. 

Al hablar de la migración, se desprende el debate sobre la no discriminación de migrantes y nos  levantamos contra la xenofobia, y más aún promovemos la inserción en la vida legal, social y  productiva del país que los recibe, y agradecemos las medidas regularización, como la tomada  recientemente por el Gobierno de Colombia, a la par se insisten en hablar de cifras y pedimos su  atención, todo eso está bien, pero no podemos olvidar en ese debate a los que decidieron  quedarse o los que no se pueden irse de su país a pesar de todas las adversidades, en ese  hecho debe nacer el derecho a no migrar, el Papa Francisco en su reciente encíclica social  Fratelli Tutti (Nº38) indica “hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las  condiciones para permanecer en la propia tierra” y es meritorio la mención que hace para generar  el debate y consagración de dicho derecho en el ámbito de la política internacional. 

La exigencia y construcción de condiciones de vida no solo debe ser un ejercicio ciudadano de  países con crisis migratoria, sino deber de los países que viven la acogida y de todo aquellos  que deseen colaborar, pues el respeto al derecho humano a no emigrar junto al derecho humano  a la migración reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), deben ser un  binomio de derechos que de manera inseparable sean el eje de toda medida económica, 

diplomática, humanitaria para atender los movimientos migratorios, sería atacar la causas de los  problemas migratorios y no solo sus consecuencias. 

Este debate está incipiente, pero es indispensable darlo, procurar la consagración de estos  derechos, teniendo como principio el carácter progresivo de los derechos humanos. 

Es necesario que los países de acogida y la comunidad internacional en general, sea receptiva,  humanitaria y garante de los derechos humanos de los migrantes, pero también ayude en la  búsqueda de soluciones a través de mecanismos suficientemente eficaces, asimismo que se  establezca normativa y mecanismos internos, en este caso donde el Estado Venezolano 

garantice las condiciones mínimas de vida y no someta a sus ciudadanos a una migración  forzada, en consecuencia el derecho a no migrar debe ser una aspiración nacional. 

OMAR DE DIOS GARCÍA 

Abogado y Defensor de DDHH 

Director de FUNDAREDES Falcón