LA SOPA, EL MONDONGO y LA HALLACA…..DE CHIVO, por Simón Petit

Para Mirela Quero Arévalo_

Para el pedregalero, el chivo, es como una bendición. De ese noble animal, que bien puede ser un alma de Dios, se aprovecha todo. Y como se aprovecha todo, imagino que deben ser muchas las posibilidades gastronómicas de las cuales se beneficia quien lo cocina para su degustación. El occidente falconiano, con excepción de Mauroa (porque allí el ganado bovino es más consumido), es un comechivo por excelencia.

Sin embargo, el pedregalero no ha explotado lo que a mi juicio es un sello de su gentilicio, es decir, algo tan particular como la sopa de chivo, el mondongo y la hallaca, son practicamente desconocidas en Falcón. No así en Lara quienes si han promocionado, y con orgullo caroreño, al chivo en todas sus propiedades y presentaciones.
Una sopa de chivo debería tener su distinción como lo tiene la sopa de pescado, que es tan distinta a la de res o a la de gallina. La sopa, por naturaleza, es un reconstituyente.

Es un hervido con la combinación de verduras y hortalizas cuyo complemento proteico de la carne, equilibra los niveles que el cuerpo necesita para seguir con su diario ejercicio de vivir. De igual manera, algo tan suculento como el mondongo de chivo, es un plato muy dificil de olvidar. El caldo espeso de ese alimento, sumado a la arepa a la leña y un pedazo de queso de cabra, permite que al morder la panza y vísceras, uno vaya disfrutando de ese sabor que las papilas gustativas codifican para el gusto y placer del comensal.

Como decía, ha hecho falta promoción, y puedo entenderlo porque Falcón es un territorio extenso de 24.800 Km2 y 655 Km de costa. Un estado constituido estratégicamente en 5 polos de desarrollo y donde por lógica cada zona tiene su diversidad social y su biodiversidad. Pero, el detallazo es que los turistas cuando llegan a Falcón, lo primero que quieren comer es chivo, y lo más triste es ver que no hay restaurantes que tengan en su carta tal solicitud en la variedad, salvo uno que solo está dedicado a la cocina del chivo y queda en Coro. Quizá por ser el único, es que el negocio se llama “El Palacio del Chivo”.

También en Coro, pude conocer a una señora que es la única que prepara las hallacas de chivo. Que si a ver vamos, hallaca tal y como la conocemos no es; pero es un tamal envuelto en su hoja de platano con el guiso de chivo, cosa que me pareció interesante y le hice un reportaje para la televisora local. Las raices de ascendencia son de Urumaco y Pedregal y por esa razón esta señora cuyo nombre no recuerdo en este momento, es quien sigue con la tradición que de niña compartió con sus padres y abuelos. Lo lamentable es que ella no la comercializa, sino que las hace por encargo y para consumo propio.

Ahora, lo que si se come en casi todo el estado es la chanfaina, ese estofado de vísceras de chivo que aliñadas con su toque personal, se convierte en una delicia que se asume como un plato originario del sitio donde se prepara; pero evidentemente, la chanfaina pedregalera, como la hacía mi abuela cándida, definitivamente “no tiene padrote”. Recuerdo que compraban un chivo y pedían que se lo entregaran completo, es decir, con las vísceras y cabeza. Allí nada se perdía y comenzaba la pelea entre mi máma y mi tío Aníbal, porque comerse la cabeza asada al horno, era el trofeo. Digo todo esto porque sé que en algún momento voy a comer estos tres platos y cuidado sino también la ñapa. Solo espero hacerlo a futuro en cualquier sitio de Falcón…pa’ que sean serios y respeten al chivo, y también a los pedregaleros.